Las causas pueden ser diversas:
Dolor, daños ocasionados por la caída que motivan la falta de actividad, más tarde son la ansiedad y el temor por sufrir una nueva caída los que provocan la falta de dicha movilidad. A ese temor se suma la imposibilidad de levantarse y el tiempo que transcurrió mientras estuvo en el suelo. Otros factores son la edad avanzada y la dificultad en la marcha y la movilidad. Todo esto junto con una rehabilitación ausente, incorrecta o incompleta ocasiona inseguridad, restringe la movilidad y limita la autonomía. A ello hay que sumarle la sobreprotección por parte de la familia y de los cuidadores que no contribuye a mejorar la situación, sino que la empeora.¿Qué consecuencias ocasionan estos desencadenantes?
La principal es la pérdida de autonomía, la familia también puede verse alterada por este suceso, sufriendo estrés. La inmovilidad es también una consecuencia producida como factor de riesgo para nuevas caídas. Los gastos familiares y los recursos de la comunidad se ven afectados generando un problema de carácter sociosanitario importante. Y en la mayoría de las ocasiones el mayor acaba en silla de ruedas, sin ningún tipo de movilidad y con el tiempo institucionalizado.Ahora viene la pregunta clave ¿CÓMO EVITARLO?
- Lo primero es observar y comunicar cualquier cambio en el comportamiento de la persona que se ha caído.
- Proporcionar el apoyo y comprensión, pero no sobreprotección.
- Animar a la persona a realizar actividades que estén dentro de sus capacidades lo antes posible, no se trata de decir:” no hagas esto que te vas a volver a caer” sino explicarle, “no te vistas de pie porque tu cadera todavía no está suficientemente preparada” o, “use el bastón para caminar, ya que, se lo ha recomendado la terapeuta e irá más segura”. A veces sólo con una supervisión es suficiente.
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